Las técnicas amatorias que aprendimos de los galos

Aunque ahora vivimos en un mundo globalizado y pocas cosas pueden quedar en secreto, entre móviles, redes sociales, internet y otras formas de comunicación que casi no puedo alcanzar a imaginar, no hace tanto tiempo que las fronteras de los países eran precisamente eso, fronteras,  no sólo en el plano físico. Realmente, uno parecía que iba a otro mundo en cuanto viajaba a Francia o Portugal, y no te digo más si se iba más allá de estos sitios, internándote en Europa o África o cruzando el Atlántico hasta América… ¡entonces eras algo así como Phineas Fogg, un verdadero trotamundos!

Y para nosotros, españolitos con una sociedad en su mayoría obrera, y que cuestiones políticas y sociales no se estaba muy por la labor de cambiar eso, la cultura francesa era lo más que se compraba. No es tan extraño, por supuesto, ya que era la puerta a una Europa que muy pocos conocían, y viajar más allá de los Pirineos era tan excepcional y al alcance de tan pocos, que el que lo hacía era considerado algo así como un héroe entre sus conocidos. Y cuando retazos del país galo empezaron a llegarnos, bien entrada ya la segunda mitad del siglo, en forma de peliculas eróticas, nos faltó poco menos que alucinar.

Quizá decir que nuestra manera de entender la seducción, el erotismo, e incluso nuestras artes amatorias, provienen directamente de los franceses y de lo que aprendimos de su cine en aquellos años sea demasiado, pero no creas que iríamos muy perdidos. Sería como decir que ahora mismo estamos influenciados por el material xxx gratis al que accedemos gracias a internet, y creo que todos estaremos de acuerdo que alguna razón tiene este razonamiento. Hace unas décadas el sexo era un tema tabú que nunca se trataba fuera de las puertas de casa y, a veces, ni siquiera de puertas para adentro; y los primeros retazos de intimidad que empezamos a ver de forma pública, fue gracias precisamente al cine y editoriales francesas, al que pronto imitamos, pero que parece que nunca superamos. La época del destape en el cine español fue algo así como nuestra versión de esas películas llamadas “verdes”, pero según los entendidos, resultaron burdas comparadas con aquellas proyectadas en el país vecino, donde ya se estaba iniciando la leyenda sobre el estilo erótico que las caracterizaba y que acabaría por ser su marca.

Aunque es cierto que la estrella del cine francés se fue apagando poco a poco, se puede considerar que de aquellos años le quedó una bien merecida fama, y que aún conserva alguna luz gracias a algunos directores y actores de culto, que han sabido llevar sus producciones al extranjero y convertirlas en internacionales; pero claro, nada como el primer atisbo de sensualidad de hace unas épocas, donde toda Europa se abrió un poco a este estilo de cine para adultos gracias a los franceses. Por supuesto, ni de los estirados ingleses, ni los fríos alemanes, ni los religiosos italianos se podía esperar nada de esto,  así que como quién dice, y casi sin casi pretenderlo, Francia se convirtió en la cabeza del continente en cuanto a libertad y contenido xxx; no sólo los españoles los admirábamos y copiábamos en la medida de lo posible, sino que también nuestros vecinos europeos intentaban hacer sus pinitos en esta cuestión, con mayor o menor fortuna, pero eso es otro tema. Por otro lado, en Estados Unidos ya se empezaba a practicar la pornografía pura y dura, más o menos como la conocemos hoy en día, parece que por aquellos lares no son muy dados a las sutilezas, a pesar de que, en el fondo, es una de las sociedades más puritanas, de todo el planeta. ¿Quién los entiende?