Un viaje por las tierras galas

Fue en el siglo I a.C. cuando el poderoso Julio César conquistó todo el territorio de la Galia (dejándonos de coñas de esas que suelen salir en los cómics de Astérix), que no difiere demasiado del de la actual Francia, la nación en la que finalmente llegó a convertirse. Tras los romanos, llegaron Atila y sus hunos junto con los germanos y los francos, que fueron conquistando territorios; de esos últimos, el país acabó tomando el nombre, y a partir de ahí fue creciendo como nación hasta llegar a los tiempos de Carlomagno, glorioso monarca dueño de media Europa que, al morir, dividió su reino en tres partes para cada uno de sus hijos. Conocida como la Francia occidental, y bajo el mandato de Hugo Capeto, la nación comenzó su andadura hasta lo que es hoy.

Francia fue una gran potencia europea durante la Edad Media, pero llegado el Renacimiento comenzó a brillar aún más, y un siglo después, gracias a las rutas marítimas que se habían creado gracias a las colonizaciones, fue una potencia mundial. Las artes, la ciencias y el poderío militar florecieron entre sus fronteras, y numerosas personalidades consiguieron dejar su marca en la historia: pensadores, filósofos, escritores, pintores y políticos fueron algunos de ellos, hasta llegar casi a nuestros días, pues no hace tanto que este país era realmente importante en toda la esfera mundial.

En España, gracias a que compartimos fronteras y que hemos sido aliados en numerosos eventos históricos, hubo una época en que el país vecino realmente tuvo mucho influencia en nosotros, por eso son muchos los que presumen de conocerlo bien; claro que eso pasa con otras generaciones, pues las actuales, más allá de estudiar el francés en la secundaria obligatoria como algo obsoleto pero necesario, no están demasiado interesadas en conocer los avatares del país galo. Realmente, en estos momentos otro países son los que llevan la batuta de la actualidad mundial, y los jóvenes, totalmente globalizados gracias a Internet, no tienen la necesidad de conocer solamente lo que tienen más cerca, pues ahora cualquier lugar del mundo está a su alcance.

Pero siempre se puede aprovechar esta circunstancia para, justamente, hacerles ver lo que se están perdiendo a todos aquellos a los que Francia parece un lugar sin interés mediático, ya que disponemos de la red de redes. Y cuando digo mediático digo bien, pues por supuesto, todo el que esté interesado en la historia, el arte, la política y la ciencia, no podrá por menos que rendirse a la evidencia de que, en algún momento de los últimos siglos, este país tuvo mucho que decir en todos esos temas.